17 nov. 2011

20-N: BOICOT A LA FARSA ELECTORAL

Después de muchos años de profundo letargo, el movimiento obrero y popular comienza a despertar. Y lo ha hecho sosteniendo consignas que suponen un importante avance en su proceso de clarificación política e ideológica.

Las consignas más coreadas en las multitudinarias movilizaciones que han tenido lugar en los últimos meses apuntan todas en un mismo sentido: "No nos representan", "Lo llaman democracia y no lo es", "La lucha está en la calle y no en el parlamento", "No es una crisis, es el sistema", etc.

Hoy, el carácter antidemocrático y la ilegitimidad del régimen monarca-fascista que alumbró la estafa de la transición es ya una evidencia para la mayoría de los trabajadores.

Sin embargo, hay quienes, a pesar de todo, aún mantienen la ilusión de que los procesos electorales en los términos en que se dan actualmente puede servir en alguna medida a los intereses de la clase obrera y los sectores populares.

Para el movimiento revolucionario organizado se hace indispensable acabar con estas ilusiones. Hay que llevar hasta sus últimas consecuencias las consignas antes señaladas. Si no nos representan, si esto no es una democracia, si donde se defienden nuestros derechos es en la calle, la consecuencia política y práctica de todo esto es boicotear las farsas electorales.

¿Para que sirve votar en las condiciones actuales? Únicamente para insuflarle oxígeno a un cadáver, a un sistema acabado, agónico, agotado históricamente y en práctico colapso económico. Y de lo que se trata es precisamente de lo contrario: de contribuir a hacer más corta esa agonía, de precipitar ese colapso, y , por tanto, de impulsar hacia adelante la rueda del progreso social.

¿Tiene alguna importancia el color del partido que nos gobierne por los próximos cuatro años? Para la clase obrera, para el conjunto del pueblo trabajador, no tiene absolutamente ninguna. Los dos grandes partidos no son más que los recaderos de la oligarquía financiera, del capitalismo nacional e internacional, tanto con los neofalangistas del PP como con los socialfascistas del PSOE hemos visto recortados nuestros derechos en todos los ámbitos: en lo económico, en lo social y en lo político. Y, puestos a ser rigurosas han sido los segundos (a pesar de ufanarse de ser los campeones de la política social) quienes más medidas antiobreras y antipopulares han aplicado, basta ver lo ocurrido en la última legislatura: reforma laboral, pensionazo, recortes en las prestaciones por desempleo (que ya de por sí eran miserables) y un larguísimo etcétera. De modo que ya no cuela ese "Que viene la derecha" con lo que los socialistas pretenden meternos el miedo en el cuerpo y ganarse nuestro voto. En lo esencial, las diferencias entre el PP y el PSOE son cero. Con unos, estamos jodidos. Con los otros, también.

Y, en cuanto a los demás partidos del arco parlamentario, de uno y otro signo, no son más que los colaboradores necesarios de las tropelías que cometen aquéllos, al margen del discurso con que se adornen. Todos ellos, además, forman parte de ese estamento privilegiado y parasitario que se da en llamar clase política. Y tienen, por tanto, intereses comunes que defender.

Ningún partido institucional representa a los trabajadores. El sistema de partidos está estructurado precisamente para que sea así, para que sólo estén representados los intereses de la burguesía, de los capitalistas. Entre otras cosas existe la ley de partidos que ilegaliza, criminaliza y persigue a las opciones políticas realmente democráticas y revolucionarias. Nada se le ha perdido al pueblo trabajador en los jueguecitos electorales con que los políticos nos abochornan (tan es el grado de mediocridad, cretinismo y mezquindad que han alcanzado) cada cierto tiempo.

La opción democrática para el movimiento obrero y popular se encuentra, como ya hemos apuntado, en la calle, en la movilización; en su fortalecimiento y desarrollo sobre unas bases combativas, revolucionarias, en oposición frontal al régimen monarca-fascista y su aparato institucional y de partidos. Y esto, insistimos, de cara a la farsa electoral, debe traducirse, necesariamente, en el boicot activo.

Hay que destruir todo resto de legitimidad que pueda conservar el régimen. Éste, en tanto no seamos capaces de echarlo abajo, continuará cometiendo todo tipo de atropellos e injusticias, pero tendrá que hacerlo sin nuestra colaboración, desde el aislamiento político, y en medio de la más profunda crisis económica y del más enconado conflicto social. Sólo así podremos ir alcanzando nuestros objetivos, sólo así se verá obligado a recular en alguna de sus medidas. y sólo así iremos creando las condiciones -y éste debe ser nuestro auténtico objetivo- para llevar a cabo la demolición completa del sistema capitalista y la construcción de una nueva sociedad.

Cualquier conquista que seamos capaces de alcanzar no será duradera en tanto se mantenga en pié el actual sistema. Aprovecharán cualquier oportunidad para arrebatárnoslo. La perspectiva, por tanto, debe ser en todo momento la transformación social revolucionaria.

¡¡BOICOT ACTIVO A LA FARSA ELECTORAL!!
¡¡NO LES VOTES!!
¡¡BÓTALOS!!

Més informació: http://boicotelecciones20n.blogspot.com

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